Mitos y leyendas perrunas II: Mejor un cachorro

Menudo mes de octubre que llevo. Hoy por fin consigo sacar un hueco para volveros a contar algo más sobre nuestros perretes. Para la segunda parte de mitos y leyendas perrunas quiero hablaros de la creencia popular de que el hacerse con un cachorro, cuanto más joven mejor, nos asegura su amor incondicional. En la protectora en la que colaboro no dejamos de recibir a gente pidiendo cachorros por esta razón y hay que ver lo equivocados que estamos. Primero, hasta los 2 meses los cachorros deberían estar con su madre, porque como demuestra un estudio reciente, si los separamos antes de esa edad, aumentan las probabilidades de que desarrollen en el futuro problemas serios de comportamiento. Por otro lado, una persona que no ha tenido nunca un perro o que pasó su época de cachorro hace muchos años no sabe las necesidades que supone un perro joven. Necesitan mucha más atención, tenemos la gran responsabilidad de educarles y formarles, nos necesitan mucho más y son altamente dependientes. No es raro que un cachorro adoptado termine desarrollando ansiedad por separación. Por si fuera poco, al ser cachorro desconocemos cómo acabará siendo la linda bola de pelo que nos llevamos. Desconocemos cual será su tamaño final, su aspecto y sobretodo, su personalidad.

En cambio, si adoptamos un perro adulto, sabemos cual va a ser su tamaño, aspecto y lo más importante, nos podemos hacer una idea bastante aproximada del carácter del animal. Por si fuera poco, un perro adulto que ha sufrido un abandono estará siempre agradecido a su nueva familia de adopción, dado que ha conocido lo que es estar en la calle, en la perrera-protectora y volver a un hogar. En su lugar el cachorro sólo sabrá que ahora está siempre acompañado, pero no ha tenido esa experiencia de abandono. Tengo muchos ejemplos de perros mayores que han sido adoptados o recogidos y que se desviven por sus dueños actuales. El vínculo con nuestro perro es algo que debemos ganarnos con el tiempo y la experiencia previa nos marca en gran medida.

Por último, quería hacer especial hincapié en el caso de adopciones de perros con niños en casa. No es que recomiende encarecidamente un perro adulto en estas situaciones, es que debería de ser esta la única opción. Cuando metemos en casa un cachorro con un niño nos estamos jugando la seguridad de ambos. Lo mejor es asesorarnos bien a la hora de la adopción y hacernos con un perro adulto que esté bien socializado con niños. De esta forma, aunque nuestros hijos sean pesados con el animal, esté no tendrá gestos malos. Los cachorros, como perros en formación, pueden desarrollar comportamientos nerviosos cuando andan los niños cerca y no son lo más indicado en caso de familias con niños muy pequeños (menores de 6 años).

Espero haberos despejado otro mito. Hasta la semana que viene!