La varita mágica del adiestrador

La semana pasada conocí a Aris, la ganadora de nuestro concurso El Caso de la Semana. Su dueña quería saber cómo controlarla en el parque, porque una vez que empezaba a jugar con otros perros, la situación se iba de las manos y no conseguía que la hiciese caso.

Pero…¿En qué contexto?

Habitualmente cuando se nos hace una consulta de este tipo se espera que el adiestrador saque su varita y con un toque mágico, el perro obedezca y ya tengamos resuelto el problema. Quitando los programas de la tele donde todo se resuelve en media hora, lo cierto es que el trabajo con perros requiere mucho esfuerzo, paciencia, rutina y empatía. Ya sé que parece una respuesta manida eso de: «¿En qué contexto lo hace?» Pero hay mil motivos por los que un perro puede hacer un determinado comportamiento o deberse a un montón de causas. Por ello es tan importante que nos informemos bien previamente de todo el historial del perro, qué detonantes ha podido haber, si existen problemas que podrían estar detrás de estos comportamientos o las circunstancias que lo rodean. Lo mejor es desplazarte a su casa y ver en su entorno habitual lo que sucede. Volviendo a nuestro caso particular, Aris no presentaba ningún problema por lo que pude ver en su cuestionario, así que salimos a la calle para ver como se relacionaba con otros perros y qué hacían sus dueños en el parque.

Hay dos cosas que quiero dejar claras en este punto:

  1. Los actuales parques de perros no son sitios donde debas ir a soltar a tu perro mientras tú te relacionas con el resto de dueños de perros. Es decir, que no vale llegar allí y desentenderte de tu animal. Si el juego se va de las manos, debes cortarlo. Si tu perro está muy alterado antes de entrar, no le lleves directamente, dale un paseo antes para que se relaje. Es muy probable que surjan problemas si tu perro va como una moto. Y puedes llevarte una desagradable sorpresa aún que tu perro sea hipersociable. Como si fuesen niños, requieren vigilancia y supervisión CONSTANTES.
  2. No dejes que el juego con otros perros sea lo único que hacéis durante el paseo. El problema que tiene el sacar al perro y tenerle durante horas jugando con otros perros es que sí, puede que se canse, pero también puede que se altere demasiado. Está genial que se relacione con otros perros y que juegue un rato, pero procura que sea algo más que hacéis durante el paseo. Igual que únicamente jugar a la pelota puede crear yonkies de la pelota, el ir al parque a jugar con otros perros, genera mucho estrés. Lo adecuado es hacer un paseo con una parte de búsqueda/olisqueo previo al juego, para llegar más centrado y relajado. Dejarle jugar otro rato. Practicar un poco de obediencia (sienta, tumba, quieto,…) y volver a casa con más búsqueda/olisqueo. Si además varías las zonas por las que paseas, mucho mejor.

Volviendo a Aris. Es una perra estupenda que sabe cuando iniciar el juego y cuando cortarlo. Si es cierto que llegado un punto se pone muy alterada y si no la siguen, reclama más juego. Pero es ahí donde deben intervenir sus dueños. Hay una malentendido habitual que se genera porque si bien es cierto que los perros son capaces de resolver sus conflictos, a la hora de jugar se les debe enseñar que está permitido y que no. Porque si no, nos encontramos con los habituales malotes de parque. Esos perros a los que sus dueños les han permitido desde cachorros hacer y deshacer a su antojo y ahora no hay quién los pare. Si ves que el juego se pone tenso, no dudes en llamar a tu perro y conseguir un poco de pausa. Cuando se tranquilice, puedes volverle a dejar jugar. Si esto se hace desde cachorros, se consiguen perros equilibrados. Además, si le permites jugar con perros de distintas edades, verás como entre ellos se van poniendo límites. En el caso de Aris, lo que se propuso fue cortar el juego antes de que se alterase tanto que no hiciese caso. Además aquí entramos en el siguiente punto:

El ABC del adiestramiento

Debemos tener en cuenta que los perros generalizan mal y que siempre pretendemos que nos hagan caso en los momentos más complicados sin haber trabajado nada previamente. Para que tu perro te haga caso rodeado de otros perros y superalterado por la situación, antes tendrás que haberle enseñado que significa «ven», «ven aquí», «aquí», «te he dicho que vengas», «como no vengas voy a ir yo y verás»,… Creo que empiezas a entenderlo, ¿no?. Para que tu perro pueda asociar una palabra/orden/señal a lo que quieres que haga, debes haber empezado primero en un entorno sin distracciones, donde hacerte caso sea lo más fácil. Es decir, empieza en casa en un sitio donde estéis el perro y tú únicamente. ¿A qué es fácil que responda? Vale, pues ahora tienes que empezar a complicarlo. Que entre alguien en la sala, vete a otra, enciende la tele,… Un vez que has conseguido que el perro te haga caso en casa, es hora de empezar a trabajar en la calle. Igual que probaste en casa,  hazlo en la calle en un entorno tranquilo. Luego añade gente, otros perros, situaciones reales… Esto es lo que se conoce como el ABC del adiestramiento, partir de un entorno tranquilo sin distracciones y generalizarlo hasta llegar al momento práctico real.

Si además añades que habitualmente llamas al perro para sacarle del parque, que corres detrás de él porque no acude a la llamada, que como no responde cada vez pones tono más autoritario… pues ya sabes porqué tu perro no suele hacerte caso. Prueba a bajar el nivel de exigencia, a premiar mucho lo que quieres y a relajar un poco los noes, chst, y demás cosas que usamos para quejarnos de lo que no nos gusta que hagan. Es fácil, los perros aprenden por asociación. Prueba y error. Me subo encima tuyo y consigo que me acaricies, ¡BINGO! Volveré a hacerlo. Me subo encima tuya, te cabreas y me empujas, ¡BINGO! estamos jugando. Lo que hago yo, me giro, le enseño el premio y espero a que se siente. Cuando el perro se sienta, ¡BINGO! tienes tu premio. Suelen intentar volverse a subir, pero con unas cuantas repeticiones entienden que la manera de conseguir premios es sentándose. No les chillo, ni les digo que no. Como mucho les pico diciendo…»ay, que así no vas a conseguir este premio tan rico», «vaya», en un tono que implica que estoy divirtiéndome. Porque no te olvides, para eso tienes un perro, para disfrutarlo.

Prevenir mejor que curar

Si te acostumbras a explicarle a tu perro lo que esperas de él, será más fácil que acierte. Normalmente lo que hacemos es decirles lo que no queremos, pero ni se les explica que está bien ni se les ofrecen alternativas. Si quieres que tu perro no se te suba encima cuando llegues a casa, se más rápido que él, salúdale un instante cuando aún tenga las cuatro patas en el suelo y luego espera a que se calme para saludaros. Si ladra, enséñale un ruido para cortarle el ladrido, interrúmpele entonces con él y prémiale mientras aún está callado. Si tira de la correa, párate y prémiale continuando el paseo si afloja la tensión de la correa.

Pequeños gestos día a día pueden hacer que la convivencia con él sea mucho más sencilla.

Por último, hacer hincapié en el uso del olfato como entretenimiento canino. Nos han dicho hasta la saciedad que los perros deben hacer ejercicio. Y sí, está bien, como nosotros. Pero también deben tener estimulación mental y eso no es algo que se sepa tanto. Por tanto, si una de las comidas de tu perro se la das en modo búsqueda, le estarás ayudando a ejercitarse mentalmente y generando en él autocontrol y gestión del estrés. Si quieres saber más sobre estimulación mental, no te pierdas este artículo.

¿Perro reactivo? Cómo conseguir que tu perro deje de ladrar a todo. Parte II

Este artículo es continuación de otro anterior, si aún no lo has leído, aquí puedes hacerlo: Link

Una vez que tenemos a nuestro perro en una burbuja, vamos a empezar a trabajar desde el nivel más básico, es decir, ¡en casa! Y ¿por qué en casa y no en la calle? porque si intentamos trabajar en el momento que el perro está descontrolado, difícilmente conseguiremos captar su atención (como ha ocurrido hasta ahora). Por ello empezaremos en un entorno sin distracciones, en el cual nosotros seamos lo más y poco a poco iremos exigiendo y complicándolo hasta conseguir que nuestro perro nos haga caso en cualquier situación.

ÓRDENES BÁSICAS

Vamos a practicar señales sencillas que puedan servirnos a la hora de trabajar con él:

  • «Mira«: Es básico que tengamos un comando de atención. Nos servirá para desviar su foco hacia nosotros. Para empezar, esperaremos a que el perro nos mire a los ojos o le ayudaremos moviendo un premio hasta esa zona. «Muy bien» y premiamos. Una vez que nuestro perro ha entendido el ejercicio, introduciremos la señal oral «mira» antes de que lo haga, cuando nos mire, «muy bien» y premiamos. Poco a poco iremos aumentando el tiempo que tiene que mirarnos para conseguir su premio. Puedes complicarlo moviéndote por la habitación.
  • Conductas de interrupción: Va a ser muy importante tener una señal que interrumpa el comportamiento del perro, porque cada vez que lo hagamos estaremos evitando que recuerde ese error. No se puede jugar a ignorar, porque en conductas autrorreforzantes como el ladrido, estaremos premiándole al dejarle seguir haciéndolo. Existen distintas formas de interrumpir el comportamiento:
    1. Ruido de atención
    2. Llamada
    3. Conducta alternativa a la llamada (deja/sienta)
    4. «Vamos»
    5. Sacarle directamente: En realidad no es una opción, es la última vía cuando te ves de lleno en la situación.

La mejor opción es utilizar un ruido que será indicativo de que debe dejar lo que está haciendo para interesarse en nosotros. Es importante que no se utilice el nombre del perro, porque es algo que se devalúa de tanto usarlo. Debe ser un sonido único para este fin (silbido, los clásicos besos, palmada…). La construcción es como el anterior «mira», sólo que no hace falta que nos mire a los ojos, con que nos mire a nosotros nos vale. Para poder usarlo fuera debemos blindarlo frente a distracciones. Esto lo conseguiremos aumentándolas poco a poco .

  • «Vamos«: No es una orden de llamada. Lo que vamos a decirle al perro es vente conmigo que me voy en la dirección contraria, es decir, un acompáñame que nos vamos. Aquí tienes un estupendo vídeo de Emily Larham donde explica paso a paso como conseguirlo. Debemos premiar al perro por venir a nuestro lado primero para posteriormente premiarle por cambiar de dirección con nosotros.
  • Manejo de correa: En perros reactivos esto va a ser vital, porque nos permitirá en situaciones límite, lidiar con él. Lo que vamos a hacer es cambiar la presión de la correa a algo bueno. Para ello, primero potenciamos que el perro camine hacia nosotros, sin tirar. Si nuestro perro lo aguanta, tiramos un poco y premiamos. Por supuesto estos ejercicios se harán con arnés, para evitar en la mayor medida que podamos lastimarle. Debemos hacerlo de forma agradable, pero con decisión. Cuanto mejores sean los reforzadores para este ejercicio, más fácil será para tu perro seguirte. Como en el caso anterior, hay un vídeo fantástico de Emily para entenderlo mejor.
  • Paseo relajado: En el punto anterior te comentaba que el manejo de la correa va a ser muy importante, no sólo porque consigamos positivizar el tirar de él en un momento crítico, si no que debemos enseñar a nuestro perro a ir con nosotros relajado y tranquilo. Para ello consulta nuestro post sobre «Como pasear con mi perro y no morir en el intento«.
  • Premiar la calma: En casa tenemos que acostumbrarnos a premiar esos momentos que suelen pasar desapercibidos, como son que nuestro perro esté echado tranquilamente en su mantita. Es importante no llamar su atención a la hora de premiarle y hacerlo cuando esté muy relajado y sin hacer nada. Lo que queremos decirle es que así es como nos gusta verle.

    Imagén de makeanything.wordpress.com

    Imagén de makeanything.wordpress.com

  • Llamada perfecta: Por supuesto dentro de las señales que debemos trabajar está la de blindar una llamada perfecta. Para ello empezaremos sin ningún tipo de distracción, para ir aumentándolas poco a poco. Aquí van algunos consejos para conseguirla:
    • Utilizar la señal de llamada únicamente si estamos seguros de que el perro va a venir. Es decir, que si está entretenido con algo, olisqueando, comiendo,… puede que no responda. Llamarlo en estos casos puede ser muy frustrante para ambos. Una llamada 100% efectiva requiere tiempo y trabajo.
    • Nunca llamarlo para algo negativo, como bañarlo, fin del paseo,… Sobre todo al principio.
    • En casa puede que cualquier premio sirva para trabajar, pero cuando vayamos a hacerlo en la calle debemos usar recompensas muy muy buenas.
    • Ten en cuenta cómo lo llamas, no sólo tu tono de voz, también tu lenguaje corporal. Si al llamarle, tu perro comienza a olisquear el suelo, orinar, mirar hacia otro lado, etc debes valorar si tu lenguaje corporal es el correcto. 
    • Cuando empieces a trabajar con el perro suelto en la calle, es muy útil usar una correa de campo de unos 5 metros, así evitaremos las situaciones de peligro.

Por ahora estos son los ejercicios que vamos a practicar en casa.

Mientras, en la calle, empezaremos a realizar un contracondicionamiento clásico, es decir, cada vez que veamos aquello que altera a nuestro perro, ya sean otros perros o personas, le daremos  premios. Debemos anticiparnos al momento en el que se altera, porque si no, no habrá forma de que coja los premios. Lo que queremos es que empiece a asociar «cosas malas – perros/personas» a premios.

Y hasta aquí por esta semana. No olvides suscribirte a nuestro blog para estar al día de nuestros artículos.

Para leer la última parte, pincha aquí.

¿Perro reactivo? Cómo conseguir que tu perro deje de ladrar a todo. Parte I

¿Cansado de buscar horas intempestivas a las que sacar a tu perro?¿De ir por la calle como si fueses un radar?¿De pasar vergüenza o miedo cada vez que se pone a ladrar histérico? Convivir con un perro reactivo es una auténtica pesadilla para ti y por supuesto, para él. Debes buscar horas a las que no encontrarte con aquello que le activa, detectarlo a mucha distancia y aún así, no puedes evitar que X días te acabes llevando un disgusto.

Cuando tu perro ladra de manera incontrolada a todo lo que se mueve, ya sean perros y/o personas, se dice que es un perro reactivo. Además, es algo que ocurre cuando va atado, porque cuando va suelto los problemas desaparecen. ¿Significa esto que tu perro es agresivo? Rotundamente no, lo que tiene es MIEDO. Pretende con los ladridos alejar aquello que le asusta. Es la forma más efectiva que ha encontrado para evitar lo que no le gusta. Puede ocurrir que en algún momento haya tenido que llegar a morder para alejar ese estímulo. En estos casos ha aprendido que ese último recurso funciona y desde entonces será todo más peligroso. La diferencia entre un perro reactivo y otro agresivo es que el agresivo lo es independientemente de que vaya atado o no.

Pero empecemos por el principio…

Posible origen y causas

En cada caso puede haber un motivo diferente, pero la mayoría se debe a un manejo inadecuado de la correa, ya sea porque la tensamos en presencia de otros perros, porque damos un tirón cuando los vemos, porque quiere «saludarles» y no le dejamos acercarse… Hay muchas causas para que un perro pueda acabar siendo reactivo. Si además en tu caso es adoptado, nunca llegarás a saber por qué es así, pero eso no debería preocuparte a la hora de trabajar para su recuperación.

Pero ¿Por qué ladra?

Lo que ocurre con los perros reactivos es que para hacer frente a su miedo hacia cosas a las que no están habituados (ya sean personas, otros perros, objetos en movimiento,…) ladran, y ladran efectivamente como si les fuese la vida en ello. Porque han comprobado que es la manera más eficaz de mantenerlas al margen. Como comentaba más arriba puede llegar un momento en el que ladrar no sea efectivo y entonces no les quedará más remedio que atacar. Debemos evitar esto de manera muy activa, porque crearía un precedente y nuestro perro sabría que existe otra forma de actuar (y que no nos interesa nada que conozca).

Además, el efecto correa se entiende muy fácil. Al tenerlo atado, por un lado no le permites escapar, es decir, debe enfrentarse a aquello que le asusta sí o sí. Pero es que el hecho de que la correa se tense le da cierta seguridad, es como «sujétame que le doy» «porque me estás sujetando que si no…». Con los perros pequeños se ve muy bien, se ponen a ladrar frenéticos y en cuanto ven que el otro perro responde, corren a esconderse detrás de su dueño. De ahí que un mal manejo por parte del dueño pueda acabar desencadenando este problema. Somos nosotros los que generamos una asociación errónea.

Imagen de doghouseobedience.com

Imagen de doghouseobedience.com

Cómo afrontarlo

Un vez que tenemos claro porqué se pone así nuestro perro es hora de ver cómo podemos ayudarle. Lo primero es hacer un estudio de la situación:

  1. ¿ En qué momentos sucede?
  2. ¿Hay señales previas?
  3. ¿Qué alternativas utilizas?

Debes hacer un listado con todo aquello que le active, para posteriormente ir trabajándolo de menor a mayor intensidad. Además, tendrás que realizar un seguimiento. Es importante que tomes nota de la evolución. Ya que ésta no será progresiva, habrá altibajos y seguro que recaídas. Tenlo en cuenta. La recuperación de un caso así siempre es larga y tediosa.

De primeras debes EVITAR todo aquello que le active. Por ahora no estarás trabajando el problema, solo evitándolo. ¿Por qué? Porque tu perro no es capaz de afrontarlo y necesitamos rebajar sus niveles de ansiedad para que deje de ver las cosas como una amenaza. Necesitarás meterle en una pequeña burbuja de la que saldrá poco a poco. Para la terapia inicial realizaremos:

  • Búsquedas diarias de comida: Bien con su propia ración de pienso, si es muy tragón, si no cortando salchichas en pedazos muy pequeños. Dejamos al perro en otro lugar mientras lo repartimos por el sitio que hayamos escogido para hacerlo. Al principio es mejor que el espacio no sea muy amplio, para que aprenda a hacer las búsquedas sin frustrarse. Recuerda empezar siempre de manera muy fácil, que ya habrá tiempo de complicarlo. Llamamos al perro y dejamos que busque. Si ves que al principio le cuesta encontrarlas, ayúdale un poco, sobretodo animándole a que siga haciéndolo. Empezará las búsquedas con la vista y hasta que no lleve un rato no utilizará el olfato. La importancia del ejercicio reside en este punto, porque para que un perro olisquee debe relajarse y controlarse. Si le animamos a olisquear, estará más calmado y cuando salga a la calle prestará más atención a los olores y menos al entorno. Este ejercicio debe durar unos quince minutos e idealmente se realizará dos veces diarias.

  •  Utiliza juguetes inteligentes, tipo Kong, Nina Ottosson,… Que desarrollen su inteligencia y le mantenga entretenido. Para saber más, pincha aquí.
  • Establecer una rutina de paseos, comida, descansos… es importante que tu perro pueda predecir su vida para que se relaje. Recuerda repartir la comida en varias tomas, será fácil si realizas búsquedas y utilizas juguetes.
  • Suprime cualquier tipo de castigo y con esto no me refiero solo a los tirones de correa, si no también a gritos, chist, no y demás cosas que soltamos tan alegremente.
  • Dedícale cinco minutos diarios a premiarle cualquier cosa que haga. Será vuestro momento de reconciliación. Con esto ganará en autoestima y tú volverás a verle con otros ojos.
  • Por ahora los paseos serán a horas y por sitios en los que no te encuentres aquello que le activa. Además, deberás usar material adecuado como es una correa

    multiposiciones (de esas con varias anillas y dos mosquetones) y un arnés antitiro tipo Easy Walk o Sense-ible (en la foto). ¿Por qué de este tipo? Por además de que te van a permitir controlar muy bien al perro, al estar sujetos por el pecho puedes tirar de él y cambiar su foco de atención. Esto será muy útil cuando te veas metido de lleno en un momento de ladridos descontrolados.

  • Si ya se ha producido algún altercado serio con mordiscos, debes prevenir cualquier accidente trabajando el bozal. Si lo realizas bien al perro no le va a suponer ningún trauma y será todo mucho más sencillo para los dos. Aquí tienes un vídeo de Emily Larham para ayudarte a hacer del bozal otro utensilio más. Recomiendo los de tipo cesta, porque permiten ofrecer comida mientras los llevan, son cómodos y muy resistentes. Especialmente el modelo Baskerville (en la foto).

  • En determinados perros vendrá bien una ayuda extra con medicación para relajarle. Pero si este es tu caso, necesitarás la ayuda de un profesional. Contacta con uno antes y por supuesto, acude a tu veterinario para que sea él el encargado de poner el tratamiento.

Por ahora nos quedamos aquí, evitando generar más estrés y trabajando para bajar sus niveles de ansiedad. En el siguiente artículo nos meteremos de lleno en cómo trabajar la reactividad.

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Para leer la segunda parte, pincha aquí.

Se regala cachorro!!!!

Así es cómo empiezan muchas historias de terror, de terror perruno claro está. Este cachorrito tan mono es Canelita y ésta fue la foto que le hice estando de acogida en casa. Salió tan guapo que nos llovían los formularios de toda España para adoptarle. Tenía tres mesecitos y toda la vida por delante.Canescool - Canelita

  • Todo nos entra por los ojos

Cuando vemos una foto así, no podemos evitarlo, nos entran unas ganas irremediables de acogerle, de querer tenerlo. ¡Es que es taaaan mono! Lo cierto es que no nos paramos a pensar lo que realmente supone tener un perro y más un cachorro, salidas a la calle a cualquier hora, recoger pises y cacas, destrozos varios, mordiscos, llantos, ladridos… Tener un cachorro es una auténtica odisea solo apta para los más arriesgados. En mi opinión, si no has tenido nunca perro, no cojas un cachorro, porque sin duda alguna no sabes a lo que te enfrentas y el que pagará las consecuencias será el lindo cachorrito que ahora tienes entre manos.

Si estás pensando en ampliar familia con un miembro de cuatro patas, te aconsejo que te pares un rato a pensar si realmente estás dispuesto a afrontar el reto que supone, nuestra compañera Andrea de Mr.Mutt educación canina lo exponía muy bien en este post. Y es que eso de tener un perro no es tan sencillo ni para todo el mundo…

  • El caso de Cane

La historia de Canelita puede servir como representación de esos miles de perros que se abandonan cada año. Después de estudiar muchos formularios, descartar gente sin experiencia, que vivía en la otra punta de la península, que no estaba dispuesta a castrerle llegado el momento oportuno… Elegimos a una pareja mayor, que había tenido perro toda la vida, incluso aguantaron 18 años un perro pequeño que les mordía (no recuerdo ahora si era un bichón o un caniche). Dada su edad, les proponemos ponerlo a nombre de una de sus hijas y nos perjuran a la hora de llevárselo que el perro va a estar fenomenal en casa, porque va a ir con ellos a todas partes y por supuesto que saben lo que es tener un perro. Bueno, uno puede saber lo que es haber tenido perro, pero sin duda alguna para Canelita no estaban preparados. Está claro que cada perro tiene una personalidad, que nos llegan con un potencial que podremos trabajar o no. No sé si en otra casa Canelita no hubiese acabado así, lo que tengo claro es que los adoptantes se equivocaron de perro. Aquí quiero hacer un inciso e intentar llegar a toda esa gente que se ha sentido insultada alguna vez porque desde una protectora le han rechazado o intentando dar otro animal. Si la gente que conoce de verdad al perro o al gato te dice que no es para ti, de verdad, créetelo. No se intentan colocar bichos ni «vender» nada. Lo que se busca es la ideonidad, que no te devuelvan al animal porque no ha cumplido las expectativas. Es muy frustrante ver cómo se pierden adoptantes porque realmente no se dejan asesorar. Los casos más agredecidos que he visto durante mi época en el CICAM sin duda alguna se dieron entre aquellos adoptantes que vinieron con mentalidad abierta y entendieron que lo importante en una relación a largo plazo era de verdad que encajasen y no el físico o la edad que tuviera el animal.

Volviendo a Cane… tres meses después de adoptarlo me encuentro a la dueña en la puerta diciendo que me lo devuelve. Así, sin aviso previo, ni contacto alguno. !Un cachorrito de seis meses! Por aquel entonces yo ofrecía asesoramiento gratuíto y seguimiento de los animales adoptados en el centro. Te puedes imaginar mi rabia al ver que ni siquiera se ha molestado en informarnos. Para colmo, lo que nos devuelve no es Canelita, si no como sería conocido más tarde entre los voluntarios como Cabronelita…

Canescool - Cane

El problema de todo esto es que un perro que era altamente adoptable pasa a ser uno más en la lista de perros en adopción, de esos que lo único que les salva es el tamaño, y encima en el caso de Cane jugaba en su contra. Ya que era un perro muy activo, imposible de tener en un piso. Eso se ha traducido en un año de perrera, para un cachorrito que entró con tres meses y que a los seis estaba de vuelta. Afortunadamente para él el calvario terminó y ahora corretea feliz con su nueva familia, pero ha estado un año esperando su momento…

  • La belleza está en el corazón

Sin duda alguna que cuando pensamos en que queremos determinada raza de perro, determinada edad, determinado individuo, nos estamos dejando llevar por el corazón y en la mayoría de los casos, no tenemos ni idea de lo que nos estamos llevando. Soy partidaria de que cuando una persona tiene claro el tipo de perro que quiere, adopte a uno adulto, porque es la única forma de asegurarse de que lo que busca y lo que se lleva, coincide. Hace tiempo ya hablé sobre el tema de elegir a un animal por su físcio en el post «será alto, rubio y con los ojos azules» y también sobre el mito que tenemos sobre que «mejor un cachorro«. Por aquello de que se va a adaptar mejor a nosotros y otra serie de mentiras que nos contamos para llevarnos a casa ese cachorrito tan mono que nos encanta.

Lo cierto es que los perros adultos son mucho más fáciles de adaptar a un hogar, porque ya sabemos lo que nos llevamos (los hay más cariñosos, más dependientes, más independientes, más juguetones, más activos, más tranquilos,…). Los cachorros no dejan de ser una caja de sorpresas de la que no sabemos lo que nos llevamos hasta que ya es muy tarde. El mejor símil que se me ocurre es que te cases con alguien el día que lo conoces, «es que es tan guap@…«¡Venga ya! Sin duda alguna que la belleza de tu pareja durarás más que el tiempo que tu perro va a ser cachorro y aún así, a ¿qué no se te ocurriría semejante estupidez? Entonces porqué empeñarse en iniciar una relación tan larga con un bicho que no conoces y encima que te va a sacar de quicio durante sus primeros meses.

Tómatelo con calma, fórmate bien, asesórate, consulta distintas protectoras/refugios/perreras. Si tienes claro que quires un cachorro, acude a un criador de confianza (no es tan sencillo como parece, pero existen 😉 ), no te dejes llevar por la compra impulsiva. Desde luego que lo último que debes hacer es comprar uno de esos cachorritos de tienda que a saber de donde vienen (más información en este otro post de Mr.Mutt educación canina). Y si eres de los que piensa que tu perrita tiene que tener al menos una camada para sentirse realizada… no es únicamente mentira, si no que además desconoces el destino de los cachorros que traigas.

Por todo ello sólo te pido una cosa, si quieres tener perro, ¡piensa antes de actuar! Las perreras están llenas de animales a los que un día alguien les juró que nunca les abandonaría…

Cómo pasear con mi perro y no morir en el intento

Son muchos los perros que tiran durante el paseo, lo cual hace muy molesto el disfrutar de ese momento con ellos y que cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, esto revierte en que el perro salga menos y por tanto tire más aún de la correa. Para romper ese círculo vicioso os propongo un artículo de esos prácticos que tanto os gustan: Cómo conseguir que dejen de tirar de la correa paso a paso!

Ya sea porque cuando salen de casa lo hacen con mucha energía, porque hayan aprendido a que tirando llegan antes a los sitios o dirigen el paseo, hay que tener en cuenta varias cosas:

  • Pegando tirones a la correa lo único que conseguimos es ponernos a su nivel, es decir, aplicar fuerza físca para imponernos. A no ser que estéis muy cachas, de seguro que el perro os puede y más si lo hace a base de tirones imprevistos (un perrro!, un gato!, un conejo! guau!)
  • Regañarle, ya sea de forma física o verbal, puede generar aún más tensión al momento. Si el perro tira porque tiene miedo o porque es reactivo frente a otros perros, lo último que debéis hacer es meter más presión en ese momento.
  • Utilizar elementos de castigo como el collar de ahogo, de pinchos o el famoso de impulsos, puede que de primeras parezca que funciona, pero a la larga acarrean problemas no solo fisiológicos, si no también psicológicos que serán mucho más complicados de solucionar que el simple hecho de que el perro tire de la correa. Conocí a un American Staffordshire al que un «adiestrador» le había colocado un collar de pinchos. Sus dueños, pensando que hacían lo que debían, llegaron a hacerle unos buenos agujeros en el cuello. Ni que decir tiene que el perro seguía tirando, incluso con más fuerza. Cuando llegó a mí, el primer día que intenté ponerle un arnés, se hizo pis. Cuidado en manos de quién ponéis a vuestros perros. Igual que os preocupáis de elegir el mejor colegio para vuestros hijos, no dejéis que cualquier os diga cómo educar a vuestros perros.
  • Utilizar correas cortas fomenta más aún que tire. El perro necesita su espacio y los paseos son para su disfrute. Si le sacamos con una correíta de 50 centímetros, es normal que tire. ¡Ni siquiera puede olisquear el suelo con ese tamaño!

Entonces, lo primero de lo que vamos a hablar es de utilizar un buen material:

  1. Correa fija, larga, de unos 2 ó 3 metros, a poder ser multiposición. Es decir, que podamos hacerla más larga o más corta según las circunstancias.Correa multiposición
  2. Arnés. Vaya, aquí siempre hay sorpresas. Históricamente el arnés se ha asociado siempre a perros que tiran. De hecho es lo que utilizan los perros de trineo, así que algo de cierto debe haber. Y es así. El arnés lo que hace o mejor dicho lo que no hace es daño cuando se tira. Nuestro perro irá más a gusto con el arnés, lo cual no quiere decir que por sí solo haga que el perro tire, si no que no se va ahogando como con el collar. Como comentaba más arriba el collar, aunque sea el fijo normal, puede hacer mucho daño a un perro que tira. La parte del cuello es igual que la nuestra, poneos la mano a mitad del cuello y apretad. Ahora sabéis que siente vuestro perro cada vez que pasea. Con un arnés cualquiera quizá vuestro perro sea más difícil de controlar. Yo recomiendo siempre el Easy Walk de Premier. Funciona con el sistema martingale, que es ese que se utiliza en los collares de galgos. No provoca ningún daño en el perro y nos permite: al ser de enganche frontal, el perro se queda totalmente alucinado. Es algo totalmente nuevo para ellos, siempre se les lleva enganchados a favor de su columna, lo que les permite tirar con mucha fuerza. Con este arnés la fuerza se pierde, ya que si tiran, giran. Muy recomendable también para perros reactivos, ya que podemos cambiarles su foco de visión. Antiguamente era muy difícil de encontrar. Hoy en día lo venden en las grandes tiendas de animales, tipo Petuluku, nuestroperro, etc.easy-walk-harness2
  3. Y por supuesto no pueden faltar… ¡los premios! Vamos a premiar mucho a nuestro perro por hacer las cosas bien y para ello necesitamos llevar por un lado premios muy apetitosos y muy a mano. En cuanto a qué darles, lo más habitual y sencillo son trocitos muy pequeños de salchicha. Si vuestro perro es muy tragón, igual con su mismo pienso le vale. En otro casos su comida favorita es el queso… Utilicéis lo que utilicéis debe hacerse en trocitos muy pequeños, para poder usar muchos sin que se canse ni provocarle problemas de sobrepeso. Para guardarlos lo más cómodo son estas bolsitas del Decathlon.Bolsa portapremios

Una vez que hemos conseguido la equipación perfecta, vamos a ponernos manos a la obra!

Ten en cuenta que un perro adulto debe salir a pasear unas 3 veces diarias, dependiendo de la raza y la edad tendrá más necesidades de juego y requerirá estar más tiempo en la calle. En general un buen paseo diaro más un par de paseítos será más que suficiente. Si únicamente sacas a tu perro una vez al día, el estrés acumulado hará que tire, está claro. Debes repartir sus paseos de forma que puedan ser previsibles para él. Generar una rutina de paseos, siempre a las mismas horas y a poder ser de la misma duración. Sacar al perro un día a la semana es una aberración y aún así hay gente que lo hace… ¡Cuánto menos salga a pasear, más tirará durante sus salidas!

Otro punto importante es reconocer que el paseo es para él, para que olisquee, haga sus cosas, mantenga amistades, conozca nuevos perros… es importante que durante toda su vida mantenga sus habilidades sociales y se relacione con su entorno. Lo normal es que un perro se dediqué a olisquear pises y cacas, no le prives de eso, es como su muro de Facebook! Si no te gusta que lo haga porque luego te da besitos, quizá deberías replantearte lo que es un perro…

A tener en cuenta:

  •  Inicia los ejercicios en un entorno sin distracciones (en casa, en el parque cuando no haya más gente,…)
  • Se constante. Si trabajas con él durante el 100% del paseo, los avances serán mucho más rápidos que si sólo lo haces durante 5 minutos.
  • Haz un registro diario de mejoras, para ver como vamos progresando.

Ahora sí, ejercicio paso a paso para conseguir que no tire de la correa:

  1. Empieza enseñando un sonido neutro, es decir que no lo tenga previamente asociado a otro objetivo. Hazlo en casa o en un lugar tranquilo. Mantente quieto, haz el sonido y en cuanto éste se gire hacia el sonido, felicítalo y prémialo al instante. Repítelo varias veces, verás que rápido lo entiende. La asociación que hemos creado es: Sonido-Vuelta hacia ti-premio.
  2. Ahora lo complicamos un poco, haz el sonido, felicita al perro en cuanto se gire (es decir, un «muy bien»), camina un par de pasos y entonces recompensa (premio-comida).
  3. Cuando veas que el perro responde bien, comienza a hacerlo varias veces cambiando de dirección 3 ó 4 veces seguidas. Haz el sonido primero, anda un poco en cuanto el perro mire en tu dirección, felicítalo, emite el sonido de nuevo y repite el proceso. Recuerda, debes premiar con comida el que vaya a tu lado, no el que se gire. El giro únicamente se felicita en este nivel.
  4. Un vez que hemos conseguido que esté pendiente de nosotros y que tenemos una herramienta para lograr que gire, vamos a empezar a trabajar el que no tire de la correa. Vamos a empezar a andar y en cuanto notemos tensión en la correa, nos paramos. Si el perro no decide volver por sí mismo, hacemos el sonido que hemos estado practicando, esto hará que él se vuelva hacia nosotros consiguiendo que la correa se destense. En ese momento felicitamos al perro y damos otros pocos pasos. Es importante no premiar al perro porque vuelva a nuestro lado, si no porque vaya a nuestro lado.
  5. El último ejercicio se trata de esto último. Un vez que el perro va con la correa relajada y a nuestro lado, le premiamos. Tenemos que ser rápidos y estar atentos, ya que al principio lo más probable es que en cuanto le digamos “muy bien” vuelva a tirar de ella. De forma que cogemos el premio y se lo damos junto con el “muy bien” para evitar que vuelva a tirar. Este ejercicio se puede practicar inicialmente a la vuelta del paseo, cuando el perro va más tranquilo y estos momentos duran más.

Problemas más frecuentes que pueden ocurrir:

  •  ¿El perro toma el premio y se va corriendo? Debes premiarle porque vaya contigo, no porque vuelva. La recompensa por destensar la correa es la continuidad del paseo.
  • ¿El perro rechaza los premios? Cuidado! Puede que el ejercicio sea demasiado estresante. Relájate y pásatelo bien, que de eso se trata. Cambia el premio o el entorno.
  • ¿Muerde la correa? Otro signo de estrés. Por ahora se acabó el ejercicio. Toca un poco de relax.
  • Si el perro parece que no te oye cuando haces el sonido, espera!. Mantente firme y relajado. Dale un poco de tiempo para que termine de investigar lo que estaba haciendo y prueba de nuevo.
  • Se proactivo! No esperes a que tu perro se abalance sobre otro perro para usar el sonido. Hazlo antes de que se dé cuenta siquiera de que hay otro perro por ahí.
  • ¿Va muy bien al principio pero luego vuelve a tirar? En este caso quizá estamos pidiendo demasiado, demasiado pronto. Es como cuando empezamos a hacer deporte, hay que ir ganando fondo. En su caso puede pasar igual. Empieza con sesiones de 10 minutos para luego ir alargándolas. Es mejor hacer varias sesiones al día muy cortitas que una muy larga de media hora.

Si a pesar de todo no consigues hacerte con él, puedes participar en nuestros talleres «No más tirones de correa» que seguro que te dan ese punto que te falta para conseguirlo 😉

Ánimo, que el paseo perfecto está a tu alcance, ¿A qué esperas para practicarlo?

Cosas que hacer con niños y perros

Tras asistir a la charla que dio Santi  sobre niños y perros, me decidí a hacer con él un curso sobre el tema. Además de lo que os comentaba anteriormente sobre la regla de las tres eses, me pareció muy interesante la propuesta que nos hizo de encontrar actividades para realizar con ambos, siempre en un ambiente relajado y distendido, donde los dos disfrutaran sin alterarse. Aquí está el listado que creamos entre todos:

  1. Preparar un Kong
  2. Hacer un caminito de premios
  3. Jugar al escondite (podemos darle al niño algún premio y nosotros vamos con el perro destrás para buscarle)
  4. Mantenimiento de las cosas del perro (dar comida, limpiar cuencos, colocar camita, recoger juguetes,…)
  5. Lectura de libros, de libros de perros
  6. Dibujar al perro, indicando cada parte de él
  7. Crear un álbum de fotos del perro
  8. Cepillados. Trabajado con premios el niño tiene más interés en dar premios que en seguir con el cepillado
  9. Ver la tele
  10. Compartir la siesta
  11. Llevarle con la correa. Esto se debe practicar previamente con el perro, que no tire de la correa ni suponga un problema para él ser llevado por el niño.
  12. Manipulación. Se trabaja igual que con el cepillado, premiando mucho tanto al niño como al perro 😉

Debemos dejarles claro a los niños que los perros no son un juguete, tenemos que poner pautas de interacción y respetarlas.

Es maravilloso crecer con un perro, pero deben ser los padres los que se encarguen de él como personas adultas responsables.

Será alto, rubio y con los ojos azules…

¿Recordáis aquella publicidad pelín racista de Sanex? Pues es lo que me encuentro yo a diario en la protectora. ¿Cómo puede ser que seamos tan fríbolos e hipócritas a la hora de elegir a nuestro mejor amigo? Está claro que en el mundo perruno (y también gatuno) o eres guapo y cachorro o vete despidiendo de poder encontrar un hogar…

Siempre me encuentro la misma idea, queremos un cachorro para enseñarle nosotros, para que nos quiera desde el principio… vamos a ver, los cachorros no sabemos como van a ser (un punto muy importante para la mayoría de los adoptantes), si no tenemos mucha experiencia o no nos hemos formado bien, lo que crearemos será un pequeño monstruíto que regresará al albergue cuando deje de ser el lindo cachorro que nos llevamos y por último, pero no por ello menos importante, uno solo echa de menos aquello que ha conocido, por lo que los cachorros, criados en protectoras no saben lo que es un hogar, nunca te agradecerán el que los hayas adoptado y no podrás evitar que crezcan pensando que tienen derecho a todo lo que les ofreces. En cambio, los perros adultos ya sabemos como son, su carácter (que se nos olvida preguntar por cómo son los animales, nosotros tenemos cada uno nuestra personalidad, lo mismo ocurre con los perros/gatos. Los habrá más simpáticos, más cariñosos, más controladores, más dependientes, más activos, más tranquilos,…). Saben lo que es el calor de un hogar, que los saquen a pasear, el cariño de una familia… tengo cientos de ejemplos de perros (y gatos!) adoptados de adultos que no es que se integren perfectamente en su nueva familia, si no que viven eternamente agradecidos a su nuevo compañero!  Elegir a nuestra mascota por el físico es tan absurdo como casarte con una persona la noche que la conoces. Piensa que vas a convivir con ella durante muchísimos años. De verdad es tan importante que te parezca bonito, que sea de raza, criarlo tú?

A mi personalmente lo que me interesa de un animal es cómo es. No tengo perro, aún, pero mis dos gatos son adoptados. A Jesse lo adopté en el CIAAM con más de 9 meses. Tenía claro lo que quería, un gato adulto y cariñoso. Además es negro, para más señas. Por lo visto la gente es supersticiosa y estos animales tienen aún peor salida. Jesse es un auténtico amor de gato, nos adora y le encanta recibir mimos. No creo que haya absolutamente ninguna diferencia con mi otra gata.

Deciros que en la protectora tenemos a Taz, sin duda alguna el mejor gato que puedas encontrar. Yo con los dos que tengo y un posible perro en un futuro no quiero meter más animales en casa, pero si pudiera sin duda sería él. Cariñoso, atento, jamás saca las uñas o intenta morder. Paciencia infinita de bicho. Pero claro, tuvo la mala suerte de caerse por una ventana, destrozarse la cara y encima es negro y adulto. Peque, me parece a mí que lo tenemos complicado. Además, es compatible con perros! Vamos, una joya. Sigo con los míos, a Marisa me la encontré en la calle. Estaba en la ventana de un bar al que solemos ir, era aún pequeña, tendría como 4 meses. La estaban rifando entre los clientes del bar y decidí llevármela. Fue en brazos hasta casa y aquí está. Me informé de cómo se cría a un gatito, que hay que hacer para evitar arañazos y mordiscos. Yo, que nunca había tenido gatos, me junté con dos. Y hasta he sido casa de acogida (para los que seguís el blog, informaros que Totoro ha sido felizmente adoptado por una chica estupenda y ahora vive feliz en una casa con otro gatito). Esto me lleva a otro punto, el económico. Sacar a Marisa de la calle me costó unos 400€ entre analíticas, vacunas, castración… por ello me sorprende enormemente cuando en las protectoras te piden un poco de dinero por adoptar a los animales y la gente se queja del precio. Con lo que pagas no cubres toda la asistencia que le han dado a ese animal y además colaboras en que la protectora siga haciendo su labor, que no tiene nada que ver con las que realizan las perreras que aún existen hoy en día.

Volviendo al tema principal, tenemos perros excepcionales en la protectora que no tienen fácil salida, por ser feos, mayores o mención a parte merecerían los considerados potencialmente peligrosos. Si yo quisies un nuevo compañero, lo primero que haría es informarme de sus necesidades. Un vez que sé que las puedo cubrir, buscaría el que mejor se adapte a mí, mi vida, mi forma de ser. Qué fuese guapo o feo debería ser lo último a la hora de hacer mi elección. Lo importante, al menos para mí, es que el animal que me lleve a casa sea tan feliz conmigo como yo lo voy a ser con él.

No compres, adopta! Las perreras están llenas de animales esperando otra oportunidad

Mitos y leyendas perrunas II: Mejor un cachorro

Menudo mes de octubre que llevo. Hoy por fin consigo sacar un hueco para volveros a contar algo más sobre nuestros perretes. Para la segunda parte de mitos y leyendas perrunas quiero hablaros de la creencia popular de que el hacerse con un cachorro, cuanto más joven mejor, nos asegura su amor incondicional. En la protectora en la que colaboro no dejamos de recibir a gente pidiendo cachorros por esta razón y hay que ver lo equivocados que estamos. Primero, hasta los 2 meses los cachorros deberían estar con su madre, porque como demuestra un estudio reciente, si los separamos antes de esa edad, aumentan las probabilidades de que desarrollen en el futuro problemas serios de comportamiento. Por otro lado, una persona que no ha tenido nunca un perro o que pasó su época de cachorro hace muchos años no sabe las necesidades que supone un perro joven. Necesitan mucha más atención, tenemos la gran responsabilidad de educarles y formarles, nos necesitan mucho más y son altamente dependientes. No es raro que un cachorro adoptado termine desarrollando ansiedad por separación. Por si fuera poco, al ser cachorro desconocemos cómo acabará siendo la linda bola de pelo que nos llevamos. Desconocemos cual será su tamaño final, su aspecto y sobretodo, su personalidad.

En cambio, si adoptamos un perro adulto, sabemos cual va a ser su tamaño, aspecto y lo más importante, nos podemos hacer una idea bastante aproximada del carácter del animal. Por si fuera poco, un perro adulto que ha sufrido un abandono estará siempre agradecido a su nueva familia de adopción, dado que ha conocido lo que es estar en la calle, en la perrera-protectora y volver a un hogar. En su lugar el cachorro sólo sabrá que ahora está siempre acompañado, pero no ha tenido esa experiencia de abandono. Tengo muchos ejemplos de perros mayores que han sido adoptados o recogidos y que se desviven por sus dueños actuales. El vínculo con nuestro perro es algo que debemos ganarnos con el tiempo y la experiencia previa nos marca en gran medida.

Por último, quería hacer especial hincapié en el caso de adopciones de perros con niños en casa. No es que recomiende encarecidamente un perro adulto en estas situaciones, es que debería de ser esta la única opción. Cuando metemos en casa un cachorro con un niño nos estamos jugando la seguridad de ambos. Lo mejor es asesorarnos bien a la hora de la adopción y hacernos con un perro adulto que esté bien socializado con niños. De esta forma, aunque nuestros hijos sean pesados con el animal, esté no tendrá gestos malos. Los cachorros, como perros en formación, pueden desarrollar comportamientos nerviosos cuando andan los niños cerca y no son lo más indicado en caso de familias con niños muy pequeños (menores de 6 años).

Espero haberos despejado otro mito. Hasta la semana que viene!

Sobre perros y gatos

Este fin de semana he aprovechado para hacer un curso muy recomendable sobre el comportamiento del gato con Laura Trillo, terapeuta gatuna y muy comprometida con el bienestar animal en general. Me interesaba por dos motivos, primero porque tengo en casa dos fierecillas a las que quería comprender mejor (ya se sabe, en casa del herrero…) y segundo porque estoy pensando en hacernos familia numerosa adoptando a un perro, aúnque me temo que mi novio no es de la misma opinión. El caso es que si como yo, estáis pensando en ampliar familia, aquí van unos consejos para que la convivencia no se convierta en pesadilla.

Si no estamos seguros de cómo va a reaccionar nuestra mascota, lo mejor es que pidamos a un amigo o algún familiar que nos deje su perro/gato para ver qué hace nuestro amigo al meter otro animal en casa. La presentación debe hacerse en un lugar amplio, donde los dos tengan espacio para esconderse o huir. Lo ideal es que el gato esté en un transportín, así pueden olerse, pero no hacerse daño. El perro siempre atado, para poder controlarle. Las presentaciones deben ser cortas, darles tiempo a que se huelan, pero controlando que no se estresen. Al perro le premiaremos todos aquellos comportamientos tranquilos cerca del gato y al gato podemos intentar acariciarle o darle algún premio también. No obligar nunca a los animales a juntarse. Se les tiene que dejar su tiempo y su espacio. Nosotros sólo haremos de árbitro, es decir, que si vemos que la cosa empieza a crisparse, nos llevamos al nuevo fuera de casa (siempre que sea una mascota prestada, claro. De ahí la importancia de que no sea algo definitivo). Si vistas las reacciones iniciales pensamos que podemos introducir otro animal en casa, estas presentaciones tendrán que hacerse a menudo y por poco tiempo. Una vez que veamos que los dos están tranquilos en la presencia del otro, podemos empezar a abrir el transportín y a soltar la correa. En principio, durante los primeros meses no deberíamos dejarles nunca solos, aúnque nos parezca que en nuestra presencia todo va sobre ruedas. Además, tenemos que crear situaciones de «buen rollo» para mejorar su relación, haciéndoles jugar juntos, compartiendo premios, compartiendo su tiempo con nosotros. No debemos dejar que nuestra primera mascota se sienta desplazada por la nueva, si no que debe disfrutar de ella tanto o más que nosotros.

En el caso de que tengamos dudas sobre como va a ser a la larga la relación, mejor no iniciarla. Los problemas de convivencia con nuestras mascotas ya son bastante importantes como para elevarlos al cuadrado añadiendo otro animal. Y si los problemas ya se han dado, contacta lo antes posible con un educador.

¿Perros o melones?

No es raro escuchar a la gente diciendo «este perro me ha salido malo» o por el contrario encantados con «este perro me ha salido buenísimo» y yo digo, ¿acaso los perros son melones, que salen buenos o malos según la temporada?

Debemos tener claro que es nuestra educación, nuestra forma de tratarles, su sociabilización inicial, las experiencias que les brindamos las que hacen al perro «bueno o malo» según nuestra visión. Porque ellos no son morales, no hacen las cosas por molestarnos o por satisfacernos, si no por lo que consiguen con sus acciones. Hace tiempo leí un libro altamente recomendable, se trata de «El choque de culturas» de Jean Donaldson. En él nos expone cómo es el mundo para los perros y si nos pusiésemos en su lugar esto es lo que veríamos:

Humano                                                  Perros

Muebles                                        Juguete para morder

Zapatos                                         Juguete para morder

Coche                                          Objeto que desaparece

Aperitivos                                                  Comida

Libro                                             Juguete para morder

Gato                                             Objeto que desaparece

Alfombra                                                    Retrete

Como veis, su visión del mundo es mucho más sencilla que la nuestra, asique la próxima vez que os cabréis porque vuestro perro ha hecho algo que os disgusta, preguntaros si habéis puesto de vuestra parte todo lo posible para que se entretuviese y no acabase destrozando algo valioso, o si le habéis dejado bien claro que no os gusta que haga eso (con esto me refiero a enseñárselo ofreciéndole un comportamiento alternativo, no a castigarlo con cosas como restregar hocicos por meados y barbaridades semejantes) y no penséis que lo hace por molestaros y que sabe que lo ha hecho mal, porque no es cierto. Tened en cuenta que todo su universo se reduce a nuestra casa, la familia, los posibles amigos del parque y sus paseos. Imaginad cómo sería vuestra vida si no pudieseis controlar nada, todo en manos de otro ser al que tened por seguro que no llegáis a entender. Hay que ser más empáticos con nuestros amigos peludos, pues no son peluches de cuatro patas, son seres vivos con sus propias necesidades y demandas.